El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores (PT), avisó a sus colaboradores que la entrega de ministerios y cargos de segundo escalón en su nuevo gobierno será más dura. Antes de cualquier nombramiento, cada partido del centrão, el bloque informal de partidos de centroderecha del Congreso brasileño, deberá informar cuántos votos puede garantizar en el Congreso Nacional. La medida surge durante la transición hacia el cuarto mandato de Lula, según la fuente.
La factura del tercer mandato
El mensaje nace de un problema que el propio Palacio del Planalto, sede de la Presidencia, reconoce. En el tercer mandato, partidos del centrão ocuparon ministerios de peso, pero siguieron votando contra proyectos del gobierno en la Cámara de Diputados y en el Senado. Es decir: se quedaron con los cargos y no siempre entregaron los votos.
Ahora, la orden en el entorno de Lula es evitar que se repita. La nueva línea prevé una especie de cuenta previa: cada partido debe presentar, con precisión, la estimación del apoyo que puede asegurar en las votaciones. En la práctica, un lugar en la Esplanada, la avenida de Brasilia donde están los ministerios federales, pasaría a depender de una promesa formal de fidelidad.
¿Un Lula «transformado» por las urnas?
En el Planalto, la evaluación es que Lula salió «transformado» de la contienda electoral. La lectura del gobierno es que el resultado de las urnas abrió espacio para imponer reglas más rígidas en la conversación con los aliados.
Según el diseño político trazado por el gobierno, la estrategia busca reducir la distancia entre los cargos ofrecidos y el respaldo real en el Congreso. Es una admisión indirecta de que, hasta ahora, esa distancia existía y era grande.
El discurso también desentona con una declaración anterior del presidente. Lula ya había dicho que, desde el punto de vista de la gobernabilidad, el Congreso «contribuyó mucho» en el tercer mandato.
Kassab, el primero de la fila
Las gestiones para el reacercamiento ya comenzaron a través de interlocutores del gobierno. Entre los primeros en ser buscados está el presidente nacional del PSD (Partido Social Demócrata), Gilberto Kassab. Se espera una reunión presencial con Lula después del feriado para alinear las reglas de gobernabilidad de la próxima gestión.
Hay un ingrediente explosivo en esa conversación. Durante la campaña, la mayoría de los partidos de este grupo estuvo con Flávio Bolsonaro, del Partido Liberal (PL), en la segunda vuelta. Ahora, al inicio de la transición, Lula quiere invertir la lógica y vincular la participación de los partidos en el gobierno al apoyo efectivo en las votaciones.
La fuente no detalla qué partidos aceptarían las condiciones, ni cómo se formalizaría o se fiscalizaría el compromiso. Tampoco informa cuál sería la consecuencia para quien prometa y no cumpla.
Por qué importa
Los presidentes de Brasil no cuentan con una mayoría propia y estable en el Congreso, y desde hace tiempo arman coaliciones ofreciendo ministerios y otros cargos a partidos del centrão. Los votos de ese bloque suelen ser decisivos para la agenda del gobierno en ambas cámaras. Lula, que asumió por primera vez en 2003, intenta ahora cambiar los términos de ese intercambio.
Lo que viene
La primera prueba debería ser la reunión con Kassab, prevista para después del feriado. La respuesta del PSD y de los demás partidos del bloque dirá si el centrão acepta que se le cobre por adelantado o si el nuevo método de Lula chocará con la vieja política de trueque que él dice querer corregir.
Análisis VDD
Cuando un gobierno necesita exigir por escrito que sus aliados voten con él, es porque la fidelidad que compró antes no llegó. El episodio muestra el costo de gobernar repartiendo cargos: ministerios entregados, votos negados. Para el contribuyente, la pregunta sigue siendo la misma: ¿cuánto cuesta sostener una maquinaria inflada para asegurar mayoría en el Congreso, y por qué el gobierno no logra obtener apoyo con proyectos e ideas, en lugar de cargos?
Con información de Bacci Últimas.




