El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva (Partido de los Trabajadores, PT), sancionó este viernes (6 de noviembre) la ley que vuelve obligatorio el examen Enamed para quienes quieran ejercer la medicina en el país. La regla ya regía desde junio mediante una medida provisional, un decreto con fuerza de ley, y ahora adquiere carácter permanente. En la práctica, la prueba deja de ser un simple examen y se convierte en la puerta de entrada al registro profesional.
Tres pruebas, y la última pesa más
El texto aprobado por el Congreso va más allá de lo que había propuesto el gobierno. La medida provisional preveía dos evaluaciones durante la carrera. La ley sancionada prevé tres: al final del segundo, del cuarto y del sexto año. La nota final se calculará a partir del desempeño acumulado en las tres etapas, con mayor peso para la última prueba.
El gobierno sostiene que el modelo es más avanzado que el examen de la OAB, el que se exige a los abogados. El ministro de Salud, Alexandre Padilha, afirmó: “No estamos haciendo la ‘OAB [Orden de Abogados de Brasil] de la medicina’”. Añadió que se trata de “una prueba de progreso en el segundo, el cuarto y el sexto año”. Para los estudiantes significa más exámenes, más tiempo bajo evaluación y más riesgo para quienes ya pagaron caro por su carrera.
Facultades reprobadas y una cuenta que paga el estudiante
En la primera edición, 99 facultades de medicina, cerca de un tercio del total, no alcanzaron una nota satisfactoria y pasaron a ser vigiladas por el Ministerio de Educación (MEC). En teoría, quienes pagan por el fracaso son las instituciones. Pero quien enfrenta la barrera es el estudiante, que puede tener que repetir la prueba en ediciones posteriores para conseguir el registro.
Quienes se graduaron antes del 19 de junio, fecha de publicación de la medida provisional, quedan exentos. Los que no alcancen el nivel exigido podrán solicitar al Consejo Regional de Medicina la Inscripción de Egresado de Medicina (IEM). Pero ese documento tiene un límite claro: solo vale para actividades técnico-científicas, como asistente de investigación o consultor en políticas públicas. Atender consultas, recetar y llevar historias clínicas siguen fuera de su alcance.
Quién manda en la prueba: el consejo médico ganó la pelea
La disputa por la conducción del examen marcó la tramitación de la medida provisional. El MEC y el Consejo Federal de Medicina (CFM), el organismo regulador de la profesión, se enfrentaron por la organización de la prueba, y el consejo terminó recuperando protagonismo.
La Comisión Nacional de Evaluación de la Formación Médica, que definirá qué se considera proficiencia y evaluará los resultados, tendrá dos representantes del MEC, dos del Ministerio de Salud y cuatro del CFM. La presidencia rota cada año entre el consejo y los representantes del gobierno. Es decir, la categoría evaluada tendrá la mitad de los asientos del órgano que fija el estándar de aprobación. El presidente del CFM, José Hiran da Silva Gallo, celebró la sanción y la calificó de “momento histórico” para la profesión.
Por qué importa
Brasil amplió con fuerza la formación médica en los últimos años, y la nueva ley es la respuesta del gobierno a las dudas sobre su calidad. Padilha citó la apertura de casi 30.000 plazas en carreras de medicina entre 2015 y 2022, que calificó de “descalabro”. El ministro de Educación, Leonardo Barchini, prometió una fiscalización más precisa: “Saber dónde tenemos que aumentar el número de plazas, dónde tenemos que cerrar plazas”. Si el problema es la expansión desordenada, la pregunta que queda es por qué la solución recae primero sobre el estudiante que ya está a mitad de carrera.
La nota del Enamed también podrá usarse en procesos de selección para residencias médicas de acceso directo, y la prueba ya forma parte de la etapa teórica del Enare. El desempeño del estudiante, por tanto, pesará en más de una puerta. Falta ver cuántos futuros médicos quedarán afuera.
Análisis VDD
La intención de mejorar la formación médica es legítima y la sociedad merece buenos profesionales. Pero una ley que crea tres barreras a lo largo de la carrera, da al consejo la mitad de la comisión y deja al estudiante con un documento limitado para trabajar merece escrutinio. La calidad se construye fiscalizando las facultades desde el inicio, no apilando exámenes sobre quien ya está en la recta final.




